jueves, 31 de mayo de 2012

Déficit 0. Cero Estado


A cambio de retrasar un año la reducción del déficit hasta el 3% Europa nos exige más sacrificios y más recortes, que se sumarán a los que ya se han hecho y se seguirán haciendo, pues durante esta legislatura el gasto público seguirá descendido hasta situarse en el 37,7 del PIB en 2015, niveles sólo equivalentes a la España de los años ochenta, con lo que habríamos retrocedido en bienestar social unos 30 años. Además, según el ministro de Economía, en 2016 España habrá alcanzado el objetivo tan ansiado por la ortodoxia neoliberal del déficit 0. Bravo. ¿Cuánto nos costará el déficit 0? No digo a España, sino a los españoles, ¿cuánto nos costará?

No conozco ninguna unidad económica, grande o pequeña, que equilibre sus cuentas hasta llegar al déficit 0. Imaginemos nuestras economías domésticas. Para empezar, si no nos hubiéramos endeudado ya casi de por vida estaríamos en la calle porque no podríamos haber adquirido nuestras viviendas. Es evidente que nuestro nivel de endeudamiento es soportable porque hemos tenido en cuenta los ingresos y el tiempo que necesitamos para devolver las deudas adquiridas.  Pero si se nos exigiese devolver todo lo que debemos en dos o tres años es evidente que no podríamos, ni aunque recortásemos nuestros gastos de luz, gas, teléfono, calefacción, y otras muchas cosas, lo único que conseguiríamos realmente es recortar el bienestar de los que vivimos bajo el mismo techo.

En un Estado el déficit 0 es un absurdo desde el punto de vista económico. Porque un Estado debe procurar el bienestar de sus ciudadanos y para ello tiene que promover, crear, mantener y mejorar las infraestructuras y servicios básicos que su población necesita. Y es completamente razonable hacer repercutir sobre la generación presente y las futuras el coste de estos servicios a través de los impuestos y la deuda adquirida que habrían de pagar, de la misma manera que también se beneficiarían del nivel de bienestar social alcanzado por el Estado con estas inversiones. Como denuncia el premio Nobel Paul Krugman, la obsesión por recortar el gasto público sólo conduce a agravar la depresión y a contraer el consumo y la producción. Los ingresos del Estado también caen con lo que se agudiza el problema que se quería evitar, pues las deudas del Estado y las dificultades para pagarla aumentarán en la misma proporción.

Pero, además, el déficit 0 es una barbaridad desde el punto de vista político. Porque un Estado no es una empresa, no es un negocio y no debe ahorrar dinero a costa del bienestar de sus ciudadanos. Pretender esto es confundir dramáticamente los medios con los fines. Casi da pudor tener que decir estas cosas, así que dejaré que lo haga una voz más autorizada: El dinero sólo es importante por lo que nos puede proporcionar. Lo escribió Keynes en 1923. El dinero no es, no debería ser un fin en sí mismo. El dinero debería ser el medio para adquirir bienes, materiales y servicios, que hagan más fácil y cómoda la vida de las personas. Pero esta Europa de mierda, digo de mercaderes, no conociendo el valor de nada, ha puesto precio a todo, y para ella lo que menos vale son las personas. Y exige la entrega inmediata de su dinero. El problema, por tanto, no es el déficit, sino la exigencia de rebajarlo en tiempo y cantidad de manera inflexible y suicida para los Estados, que han accedido a saquear a sus propios ciudadanos y a desmantelarse a sí mismos para poder saldar las deudas.

Reducir el gasto público es reducir el propio Estado. Reducir servicios sociales y despedir a funcionarios es vender el Estado y hacer negocio con las necesidades de las personas. ¿Pero qué coño es un funcionario, sino un trabajador del Sector Público, un ciudadano que trabaja para el bienestar de otros ciudadanos? Un funcionario es un trabajador al servicio del Bien Común. ¡Basta ya de estereotipos estúpidos sobre los funcionarios! Si estamos en un andén esperando el metro ¿cuánto queremos esperar, 5 minutos, 10, 1 hora? Si estamos en la sala de espera de un Centro de Salud, ¿cuánto queremos esperar para ser atendidos?

Accedamos. Hagámoslo. Despidamos a todos los funcionarios, sin excepción. Váyanse a la puta calle todos los conductores del metro, los del autobús y los trenes. Todos los médicos, enfermeros, celadores, cerremos todos los hospitales; despidamos a los carteros, a los bomberos, a la policía, a los barrenderos y a los que recogen las basuras, a los asistentes sociales, a los abogados de oficio, a los jueces, a los funcionarios de prisiones, a los maestros y maestras de todos los niveles educativos, cerremos todas las escuelas y universidades públicas; no gastemos un puto euro en carreteras, ni en ferrocarriles, ni en mantenimiento de infraestructuras de ningún tipo. Y no nos olvidemos de despedir a todos los políticos, diputados, senadores, ministros, y hasta el presidente del gobierno, porque, ¿no son todos ellos también funcionarios? ¿No ahorraríamos un montón de dinero al Estado, al país? Pero, ¿qué país? ¿Acaso ha quedado algo de él? Nada, sólo un solar vacío y listo ya para privatizar. Habríamos pasado de ser ciudadanos con derechos a clientes con obligación de pagar hasta por el aire que respiramos.


Sólo le veo una cosa buena. ¡Ya no tendríamos que seguir pagando impuestos! ¿O sí? A pesar de haber desmantelado todos los servicios, de haber vendido el Estado, ¿seguirían los mercaderes obligándonos a pagar impuestos? ¿Para qué? ¿Para saldar las deudas contraídas entre los bancos, cubrir sus pérdidas y pagar las jubilaciones millonarias de los banqueros?

martes, 29 de mayo de 2012

Vuelve la Inquisición


Habrá que proclamarlo las veces que sean necesarias. Y gritarlo, alto, hacia nuestra izquierda, para que, cuando vuelva el PSOE al poder, que lo hará, tenga los reaños para hacer lo que desde la oposición proclama y nunca se atrevió mientras estuvo en el gobierno. ¡Hay que separar ya de una maldita vez la Iglesia del Estado! El poder civil ni sabe, ni entiende, ni debe inmiscuirse en las creencias de los particulares. Ni para fomentar ni para castigar pretendidas ofensas a los sentimientos religiosos. Otra vez: ¡Las creencias religiosas de los gobernantes no pueden imponerse al resto de la sociedad! ¡Y LA JUSTICIA NO PUEDE CONVERTIRSE EN LA ESPADA VENGADORA DE NINGUNA CONFESIÓN RELIGIOSA!

 La libertad de conciencia incluye la libertad de pensamiento, y esta a su vez la libertad de expresión. ¿De qué me sirve la libertad de pensamiento y de conciencia si la justicia me pone un candado en la boca? A quien no le guste una obra de teatro, de cine, o de lo que sea, que no vaya, que no la vea, que no mire, que se tape los ojos y los oídos. Tiene para ello absoluta libertad. Parecían lejanos los días en los que una turba de fanáticos se arrodillaba con el rosario al cuello a las puertas de los cines donde se proyectaba La última tentación de Cristo. Parecían lejanos los días de la Inquisición, pero no, están aquí. Pensábamos que el PP había hecho retroceder a la sociedad española 30 años, pero nos ha retrotraído a la Edad Media. ¡Cuánta hipocresía! Los mismos que ahora se rasgan las vestiduras por el vídeo de Crahe justificaban no hace mucho las burlas al Islam en las famosas viñetas contra Mahoma.

¡PSOE, apunta!: Receta para una política religiosa propia del siglo XXI. Para extirpar la moralidad religiosa de la acción y del ejercicio de la política empiécese por tirar a la basura los símbolos religiosos que aún adornan la toma de posesión de los altos cargos de la administración. A continuación sáquese el adoctrinamiento católico de la Escuela Pública. Precisamente porque es pública, y las creencias son privadas. Que no tema la Iglesia por esto. Porque seguramente no le faltarán buenos católicos que acudan a sus propios establecimientos para recibir sus enseñanzas…¿o no? Por supuesto no hay que olvidarse de obligar a la Iglesia, (como a cualquier otra Confesión) a pagar religiosamente los impuestos que deba, como hacemos los demás como buenos cristianos. Hay que eliminar del Código Penal el artículo 525 por absurdo y anacrónico. ¿Cómo puede la Justicia castigar la ofensa a los sentimientos religiosos? ¿Y por qué entonces sólo los religiosos? Cuando todo esto ya esté suficientemente cocinado, entonces podremos poner la guinda (roja) sobre este nuevo Estado libre de adherencias medievales. Regular el derecho a la muerte digna. Quien quiera hacer penitencia en el último escalón de su existencia que la haga. Quien quiera morir sufriendo que se vaya sufriendo. Pero nadie tiene derecho a imponer a toda la sociedad una moral arcaizante cuando la medicina del siglo XXI puede garantizar una despedida sin dolor, sin sufrimiento, humana. ¿Puede la medicina ayudarnos a venir a este mundo, a vivir en él, pero no a dejarlo?


Que no tema la Iglesia. No va a desaparecer. Y seguro que no hará disminuir el número de católicos. Quizá algunos descubran que les movía más la costumbre que el verdadero convencimiento, pero a estos no los quiere la Iglesia. No, no tiene la Iglesia nada que temer: ¿a quién puede perjudicar que la Iglesia se separe del Estado? ¿Puede perjudicar a la Iglesia que la gente viva según su propia conciencia? ¿No habrá perdido la Iglesia la fe en sus seguidores…verdad?

sábado, 26 de mayo de 2012

¡Que viene el Coco!


Parece que Bankia tiene al gobierno cogido por los cocos, porque, después de haber saboreado los primeros 4.500 millones de euros, como cualquier buen extorsionista, ha cogido la palabra al ministro ese del Guindo que había afirmado hace poco que para salvar a la banca cogería de las arcas públicas todo el dinero que hiciese falta; así que los nuevos bankieros le exigen ahora otros 19.000 millones más. ¡Pero calma!, nos dice ese del Guindo, ¡es sólo un préstamo! La operación generará beneficio cuando Bankia vuelva a ser privatizada. Pero de momento no sueltan los cocos, y duele, porque de cumplirse la operación se tragará de un solo bocado el futuro de la sociedad española por mucho tiempo.

La jerga económica vuelve a ocultar la realidad, y, lo que es más grave, el chantaje de los bancos, utilizando los depósitos de los ahorradores como rehenes amenazando con un desastre mayor si ahora no se les da el dinero que piden, está desviando la atención sobre lo que no se está haciendo, ni se piensa hacer mientras estemos gobernados por cajeros de ventanilla cómplices y recién caídos del Guindo (de Lehman Brothers) que obedecen sin rechistar a sus amos.

Vayamos primero con la jerga económica. El Decreto de Reforma financiera aprobado hace poco establecía la posibilidad a los bancos con problemas de acudir al Fondo de Reestructuración y Ordenación Bancaria y tomar en préstamo dinero público a través de dos instrumentos financieros. El primero son las Participaciones Preferentes, bonos de deuda a plazo perpetuo. Los bancos que reciben dinero por esta vía no tienen obligación de devolver el dinero prestado y sólo paga intereses si obtiene beneficios. El segundo instrumento son los Bonos Convertibles Contingentes (cocos). Son también títulos de deuda pública que hay que devolver en un plazo de cinco años al 10 % de intereses. Pero si el banco no puede devolver el dinero en el plazo y en las cantidades estipuladas los bonos se convierten en acciones, en títulos de propiedad de la entidad financiera. Es lo que pasó con Bankia, que ni siquiera esperó a que concluyera el plazo. Y ahora resulta que el Estado es copropietario de un banco que sigue siendo privado, pero que ya no tiene que devolver las cantidades prestadas por el FROB. Era de temer, como así ha ocurrido, que con el cordón umbilical ya conectado a las arcas públicas, el Estado, como accionista mayoritario de los bancos así intervenidos, no tuviera más remedio que seguir inyectando dinero para sanearlos, tapando agujeros hasta que recuperen su valor en bolsa. Es entonces cuando se nos dice que el Estado venderá las acciones que posee de estos bancos y recuperará así el dinero invertido (o el que se había prestado al inicio de la operación con cualquiera de los dos instrumentos anteriores). Lo ha dicho muy clarito el nuevo bankiero al referirse al dinero que ahora piden: “Es capital y no hay que hablar de devolver nada, sino de crear valor para los accionistas. No son ayudas, ni aportaciones a fondo perdido, y será responsabilidad de los gestores [privados supongo] crearles valor”. ¡Chúpate esa!

En fin, es posible que ahora salga más barato al Estado salir a rescatar una entidad como Bankia que dejarla caer. Pues el Fondo de Garantía de Depósitos no podría cubrir las cuentas de los millones de ahorradores y depositantes de Bankia y de otras entidades, y tendría que asumirlo de todas maneras el Estado con dinero público. Tendremos que tragarnos ese sapo.

Pero…, ahora viene el cabreo del ciudadano. ¿Cuándo coño tendremos un Decreto Ley para controlar el sistema financiero y no sólo para salvarlo? ¿Para sentar en el banquillo a los responsables que nos han llevado a todos a la ruina, para limitar los sueldos astronómicos de sus directivos, para obligarles a aceptar la dación de la vivienda en pago por la hipoteca, para prohibir las comisiones abusivas, para prohibir las operaciones especulativas y para hacerles pagar un impuesto por las transacciones bancarias, para obligarles a prestar el dinero que aún retienen, para…?

¿Cuándo coño tendremos un plan de rescate de los Servicios Sociales para tiempos de crisis similar a los que tenemos para el sector financiero? ¿Por qué coño no hay un puto euro para salvar la Educación o la Sanidad, y sí todos los que haga falta para salvar a los bancos?

Ya sé que esto se ha preguntado muchas veces, pero, ¿hemos obtenido alguna respuesta?

Desde luego el Sistema Capitalista es perfecto para sus cada vez más escasos beneficiarios porque, hasta cuando pierden, ganan. 

jueves, 24 de mayo de 2012

Jesucristo de los Indignados reprende a Rouco Varela


Va a resultar difícil encontrar algo más rastrero que oír a un sacerdote utilizar la pobreza ajena como rehén para no pagar impuestos. Con independencia de las cifras sobre la cuantía exacta que tuviera que pagar la Iglesia, y la repercusión real de su amenaza, lo que resulta verdaderamente sorprendente es oír semejante despropósito en boca del representante de una institución que vive precisamente de la más que generosa caridad del Estado; y lo hace, se supone, por la labor social que desempeña. Pues va a ser que no. El propio señor Rouco se ha planteado la disyuntiva entre la caridad y la avaricia y ha elegido la avaricia. Debería caer muerto en el acto como cayeron Ananías y su esposa Safira también por avariciosos (Hechos 5).

Como la cosa clama al cielo, a ello voy. Porque no hay nadie mejor para reprender al señor Rouco que el propio Jesucristo. Sin duda, esto es lo que le diría:

Cuando hagas limosna, no lo vayas trompeteando por delante como hacen los hipócritas. (Mt 6, 2)

No amontones tesoros en la tierra, donde hay polilla y herrumbre  que corroe y ladrones que socavan y roban. Amontonaos más bien tesoros en el cielo…porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón. (Mt 6, 19-21)
No podéis servir a Dios y al Dinero. (Mt 6, 24)

Todo el que pide recibe…¿O acaso hay alguno de vosotros que al hijo que le pide pan le dé una piedra? (Mt 7, 8-9)

Dirigíos más a las ovejas perdidas de la Casa de Israel….Curad enfermos, purificad leprosos. Gratis lo recibisteis, dadlo gratis. No os procuréis oro, ni plata, ni calderilla en vuestras fajas. (Mt 10, 6-9)

[A Jesús] Despide a la gente para que vaya a los pueblos y se compren comida. Mas Jesús les dijo: No tienen  porqué marcharse; dadles vosotros de comer. (Mt 14, 15-16)

Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes y dáselo a los pobres. (Mt 19, 21)

Es más fácil que un camello entre por el ojo de una aguja que un rico en el Reino de los Cielos. (Mt 19, 24)

¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que purificáis por fuera la copa y el plato y por dentro estáis llenos de rapiña e intemperancia! (Mt 23, 25)

Si prestáis a aquellos de quien esperáis recibir, ¿qué mérito tenéis? (Lc 6, 34)

Cualquiera de vosotros que no renuncie a todos sus bienes no puede ser discípulo mío. (Lc 14, 33)

[A Pedro] ¡Escándalo eres para mí, porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres! (Mt 16, 23)

Sí, más de una vez Pedro hacía honor a su nombre por la dureza de su mollera para entender el mensaje de Jesús. Rouco es, de verdad, un digno discípulo de Pedro, pero no de Jesús.











martes, 22 de mayo de 2012

Deudas


Europa, Elektra despiadada que reniega de la madre que la amamantó. Y le pide cuentas. ¡Ingrata! ¿Qué no le debe Europa a Grecia? ¿Qué hubiera sido de Europa sin Grecia? ¿Qué de la Ciencia, la Historia, el Arte, la Filosofía? ¿Hemos de devolvérselo? Quedaríamos mudos de la mitad de las palabras, mudo por tanto el pensamiento, mudos la razón y el entendimiento.

Esperando hallar ayuda y alimento, se metió Grecia sin saberlo en la cueva de Polifemo, en tierra de cíclopes, donde cada uno es legislador de sus hijos y esposas y no se preocupan unos de otros. Allí encontró a un monstruo de un solo ojo y un único pensamiento.

No, no es el hombre la medida de todas las cosas. No hay virtud frente al espejo de Sócrates. Tampoco hay preguntas, porque en época de ignorancia no se tienen dudas. El monstruo sólo sabe que se le debe, y devora hasta su propia alma sin que Nadie se le oponga esta vez.

Elektra ingrata y despiadada. Grecia, obligada a morir. Parta pues, en mala hora, con los óbolos imperiales para el Barquero, que los presta el mismo que los reclama.

¡Apolo, borra de tu templo las sabias palabras! Ni Atenea entiende ya nada.

sábado, 19 de mayo de 2012

Nueva asignatura: Educación neoliberal y Católica


Rectifico: este señor es imwertcil. Además tiene pinta de monaguillo vicioso por lo que no tiene ningún problema en hacer de correveydile de la Conferencia Episcopal. Y pretende meternos por la parte de atrás otra asignatura de doctrina católica disfrazada con el nombre de Educación Cívica y Constitucional. Por fin hemos conocido el borrador que va a cambiar la actual materia de Ciudadanía, y resulta vomitivo. Y otro motivo más para ir a la huelga el día 22. La derecha siempre considera doctrina las opiniones de los demás, y está dispuesta como remedio a hacernos tragar la suya propia. Pero se trata de la realidad. Y por más que el señor Wert le dé la espalda no desaparecerá. Y aunque pretendan borrarla de un libro de texto siempre seguirá fuera, en la calle, en el mundo. Y debemos preparar a nuestros alumnos para enfrentarse al mundo real, y darles armas para analizarlo, criticarlo y mejorarlo. Pero el señor Wert quiere que los niños salgan de la Escuela adormecidos, ignorantes, sumisos, y con unas gafas rositas para no ver los problemas que los aguardan en la vida real. Porque en la calle sigue habiendo racismo, xenofobia, homofobia y sexismo. Y en la calle sigue habiendo homosexuales y matrimonios de todas clases, incluso “familias en el marco de la Constitución Española” rotas, divorciadas, en cuyo seno existe la violencia hacia la mujer y los hijos…¿esto también hay que ocultarlo?

El futuro decreto elimina también las referencias a las desigualdades económicas y sociales, y se supone que ya no tenemos que fomentar actitudes críticas y de compromiso frente a ellas. Tampoco podemos decir ya que “la falta de acceso a la educación es una de las fuentes de la pobreza”. Y que lo diga un señor Ministro de Educación tiene su miga, porque confirma la importancia que le atribuye a la educación y los objetivos que persigue.

En este mundo color de rosa, sin problemas, sin ricos ni pobres, vuelve a introducirse la ideología neoliberal como ya lo hizo en la Constitución, como si eso no fuera adoctrinamiento. La asignatura incluirá un nuevo epígrafe sobre la dimensión económica del ser humano en donde se alude al “papel de la iniciativa económica privada en la generación de riqueza y el fomento del espíritu emprendedor”. Adam Smith en estado puro.

El señor Wert quiere que convenzamos a los niños de que la realidad no existe, de que vivimos en una Disneylandia en permanente felicidad. En mis clases intentaré, como siempre, contribuir en lo que pueda a hacer ciudadanos conscientes y críticos con la realidad que se encontrarán cuando los echemos al mundo para que contribuyan también a mejorarlo. No estoy dispuesto a contribuir en su adormecimiento ni en su conformismo. Conmigo que no cuente el señor Wert para fabricar zombibambis a escala nacional.  

martes, 15 de mayo de 2012

Hay que ser imbécil


Hay que ser imbécil o creer que lo somos todos los demás para afirmar que los recortes y las reformas en el Sistema Educativo Público no afectan a la calidad de la enseñanza.

Hay que ser imbécil para sostener que aumentando el número de alumnos por clase puede mantenerse la “enseñanza personalizada” que todavía se exige. Que es posible seguir manteniendo una atención adecuada a la diversidad del alumnado reunida en un aula, incluyendo a alumnos con necesidades especiales de apoyo educativo. Hay que ser imbécil para seguir diciendo que con más alumnos y menos profesores puede seguir atendiéndose a cada alumno según sus necesidades.

Hay que ser imbécil para no entender que con menos profesores y más alumnos muchos recursos esenciales se resienten o simplemente queden desatendidos. Porque si, además se ha ampliado el horario lectivo de los profesores, no pueden éstos ocuparse de la biblioteca, ni preparar prácticas de laboratorio, ni pueden cubrirse las ausencias de los profesores que acompañan a los alumnos en las actividades extraescolares por lo que muchos Centros han optado por eliminarlas. Y si no hay profesores de apoyo, ¿quién se atreverá a llevar a más de 30 adolescentes a un laboratorio, o a un taller, repletos ambos de sustancias y herramientas peligrosas?

Hay que ser imbécil para no entender que dos horas lectivas más no son sólo dos horas más de trabajo. Puede suponer un grupo de alumnos más, en muchos casos una materia más, y por tanto un aumento de horas en preparación, en corrección de ejercicios, cuadernos, exámenes; y  en reuniones de coordinación y evaluación.

Hay que ser imbécil para no entender que dos horas lectivas más a cada profesor, por sistema y sin excepción, obliga a muchos de ellos a asumir materias para las que ni siquiera son afines. Antes de la reforma muchos departamentos didácticos ya tenían que cargar a alguno de sus miembros con 20 o 21 horas de clase, pero de las materias propias de cada departamento. Ahora, al hacerlo por sistema con toda la plantilla, muchos departamentos que no tienen suficiente carga horaria tienen que asumir materias de otros, y así puede darse la paradoja de que en un Instituto un profesor de Música imparta Historia o Francés, y en otro, el profesor de Francés, tenga que enseñar Música, Historia o Ciencias Naturales.

Hay que ser imbécil para afirmar que con una reducción drástica del presupuesto asignado a cada Centro se puede seguir manteniendo la calidad de la enseñanza, aunque se le pague mal y con bastante retraso. Este invierno en muchos institutos sólo tenían presupuesto para calefacción, luz y teléfono. Otros muchos ni siquiera podían cubrir estos gastos corrientes. ¿Cómo pensar entonces en hacer fotocopias, reponer material dañado por el uso, comprar libros, o adaptar el Centro a las nuevas tecnologías comprando ordenadores, proyectores…? La tecnología más avanzada que podemos encontrar todavía en la gran mayoría de las aulas consiste en una pizarra y una tiza. ¡Y todavía se acusa a los profesores de impartir clase con métodos del siglo XIX!

Hay que ser imbécil o no tener ni puñetera idea de educación, o mucha malicia, para sostener que la calidad de la educación depende sólo de los profesores y de lo bien o mal pagados que estén. Como si los profesores tuvieran poder para decidir el número y el tipo de alumnos que tienen en clase, o el número de horas que necesitan para impartir su materia, o la cantidad de materia que se puede o se debe impartir. Y como si pudieran decidir y obtener por sí mismos los recursos materiales que necesitan.

No creo que el señor Wert sea imbécil. Es peor, porque está siguiendo un política deliberada de acoso y derribo de la Educación Pública. Al igual que Napoleón, del que se habla mucho estos días, nuestro gobierno desconfía del talento si ha salido de las clases humildes porque la pobreza unida a la inteligencia es un fermento revolucionario. Y así, la política que el señor Wert tiene en la cabeza para la Enseñanza Pública tiene más de degradación que de educación, y con un objetivo muy claro. En la antigua Grecia había un padre avaricioso que quería ahorrar en la educación de su hijo. Le preguntó el susodicho a Aristipo, discípulo del gran Sócrates, cuánto pedía por la educación de su vástago. Al oír la cantidad de mil dracmas el hombre exclamó muy ufano que por esa cantidad podía comprar un esclavo para hacer ese trabajo. A lo que Aristipo le replicó: Entonces tendrás dos esclavos, tu hijo y el que compres.