Va a resultar difícil encontrar algo
más rastrero que oír a un sacerdote utilizar la pobreza ajena como rehén para
no pagar impuestos. Con independencia de las cifras sobre la cuantía exacta que
tuviera que pagar la Iglesia, y la repercusión real de su amenaza, lo que
resulta verdaderamente sorprendente es oír semejante despropósito en boca del
representante de una institución que vive precisamente de la más que generosa
caridad del Estado; y lo hace, se supone, por la labor social que desempeña.
Pues va a ser que no. El propio señor Rouco se ha planteado la disyuntiva entre
la caridad y la avaricia y ha elegido la avaricia. Debería caer muerto en el
acto como cayeron Ananías y su esposa Safira también por avariciosos (Hechos 5).
Como la cosa clama al cielo, a ello
voy. Porque no hay nadie mejor para reprender al señor Rouco que el propio
Jesucristo. Sin duda, esto es lo que le diría:
Cuando
hagas limosna, no lo vayas trompeteando por delante como hacen los hipócritas. (Mt 6, 2)
No
amontones tesoros en la tierra, donde hay polilla y herrumbre que corroe y ladrones que socavan y roban.
Amontonaos más bien tesoros en el cielo…porque donde esté tu tesoro, allí
estará también tu corazón.
(Mt 6, 19-21)
No podéis servir a Dios y al Dinero. (Mt 6, 24)
No podéis servir a Dios y al Dinero. (Mt 6, 24)
Todo
el que pide recibe…¿O acaso hay alguno de vosotros que al hijo que le pide pan
le dé una piedra?
(Mt 7, 8-9)
Dirigíos más a las ovejas perdidas de la Casa de
Israel….Curad enfermos, purificad leprosos. Gratis lo recibisteis, dadlo gratis. No os procuréis oro, ni plata, ni
calderilla en vuestras fajas.
(Mt 10, 6-9)
[A Jesús] Despide a la gente para que vaya a los pueblos y se compren comida. Mas
Jesús les dijo: No tienen porqué
marcharse; dadles vosotros de comer. (Mt 14, 15-16)
Si
quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes y dáselo a los pobres. (Mt 19, 21)
Es
más fácil que un camello entre por el ojo de una aguja que un rico en el Reino
de los Cielos. (Mt
19, 24)
¡Ay
de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que purificáis por fuera la copa y
el plato y por dentro estáis llenos de rapiña e intemperancia! (Mt 23, 25)
Si
prestáis a aquellos de quien esperáis recibir, ¿qué mérito tenéis? (Lc 6, 34)
Cualquiera de vosotros que no
renuncie a todos sus bienes no puede ser discípulo mío. (Lc 14, 33)
[A Pedro] ¡Escándalo eres para mí, porque
tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres! (Mt 16, 23)
Sí, más de una vez Pedro hacía honor
a su nombre por la dureza de su mollera para entender el mensaje de Jesús.
Rouco es, de verdad, un digno discípulo de Pedro, pero no de Jesús.
