
Empecemos enunciando la tesis
principal: Si las elecciones periódicas
son un mecanismo de defensa de la democracia, la democracia misma es un mecanismo
de defensa del sistema capitalista.
La experiencia histórica obligó a Marx a corregir sus vaticinios sobre el
Estado, pues confirmó su esencia, como institución al servicio del Capital,
pero se equivocó en su evolución. Porque el Estado no se destruye, sólo se
transforma, se adapta y se mejora. Y el Estado capitalista-democrático es la
forma más avanzada y más completa de su evolución. Marx escribe, a propósito de
la revolución francesa de 1848, que “todas
las revoluciones perfeccionaban esta máquina [el Estado], en vez de
destrozarla. Los partidos que luchaban alternativamente por la dominación
consideraban la toma de posesión de este inmenso edificio del Estado como el
botín principal del vencedor”. Porque botín es lo que ofrece el sistema capitalista
a sus colaboradores. ¿A que suena actual?
En 1884 Engels aseguraba que la República democrática es la forma más
elevada de Estado porque no reconoce oficialmente diferencias de fortuna —ya
hablaremos de la hipotética meritocracia y su pretendida igualdad de
oportunidades— y porque en ella el dinero ejerce su poder indirectamente, pero
de un modo más seguro. Bien por corrupción directa de los funcionarios del
Estado, es decir, gobernantes; o bien “bajo
la forma de alianza entre el gobierno y la Bolsa. Esta alianza se realiza con
tanta mayor facilidad, cuanto mayor crecen las deudas del Estado”.
¿Escalofriante, verdad? Sigamos un momento con Engels. Afirma que la clase poseedora impera sobre la oprimida
de un modo directo por medio del sufragio universal, al haberla convencido
de que es a lo máximo a que puede aspirar, en el único sistema político
posible. Y sentencia: “El sufragio
universal es, de esta suerte, el índice de madurez de la clase obrera”,
pues de ella se esperaría que eligiese a sus propios representantes y no a los
del Capital. Sin comentarios. O casi. ¿Cuántas veces hemos dicho después de una
convocatoria electoral aquello de que “tenemos lo que nos merecemos”?
Termino con Lenin. También él reconoce a la república democrática como la mejor
envoltura política del capitalismo, y escribe en 1917 lo siguiente: “El Capital, al dominar esta envoltura, que
es la mejor de todas, cimenta su poder de un modo tan seguro, tan firme, que
ningún cambio de personas, ni de instituciones, ni de partidos dentro de la
república democrática burguesa, hace vacilar ese poder”. Lenin está
dispuesto a admitir que la democracia capitalista es la mejor forma de Estado
para los trabajadores, pero, dice, no debemos olvidar “que la esclavitud asalariada es el destino reservado al pueblo incluso
bajo la república burguesa más democrática”.
¿Qué error ha cometido el sistema
capitalista en esta crisis? Además de su excesiva avaricia (si este concepto
redundante existiera), alzar su rostro por
encima de la democracia. Muchos habremos confirmado lo que ya sabíamos. ¿Y
el resto del pueblo, lo habrá visto?, ¿y si lo ha visto, se acordará en las
próximas elecciones? Cuatro años dan para mucho. El Capital puede volver a
agazaparse por detrás de la democracia para restaurar el sistema. El pueblo, se
frotará los ojos dudando de lo que ha visto. Nada, un mal sueño.
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